jueves, 22 de noviembre de 2007

Un paseo en auto

Estaba Sentada y el sol comenzaba irritarme, golpeaba abruptamente mi rostro.
Avancé, entonces. El viento comenzó a darme besos frescos y llenarme de caricias.
Mis ojos se encontraban perdidos en el reflejo del sol, en mis pupilas reflejadas en un cristal. Observándome estaba entonces, cuando comencé a escuchar esa vocecilla interna, aquella vocecilla que suele atacarme en algunas ocasiones. Esa vocecilla que no es característica de algún enfermo, sino de una persona enamorada del pensar, del saber y conocer. Inspira ideas y más ideas, pensamientos y siento latir mi cabeza. Divago sobre lo sorpréndete que puede ser algo tan sencillo, como las curvas en el pavimento ¿qué acaso esto no refleja claramente lo que es la vida? Aquella frasecilla que en aquel momento llegó a mi mente…

Y observo los rostros que corren, que aceleran vidas sin estar realmente en lo que están y me recuerda tanto a Pirandello, los rostros, las experiencias ¡vive el presente! Eché un vistazo y mi brazo, en él se encontraba ahora una hoja y mi mano corría a toda prisa, tratando de imprimirme en el papel. Entonces ya había dejado de sentir las caricias del viento, y estaba tan concentrada pensando en todo esto, cuando me detuve. Mis pies cayeron agresivamente sobre el pavimento, bajé del auto y seguí sorprendida de no sentir el momento en el que tuve el impulso de tomar pluma y papel. Esperando la entrada a una nueva vida, al cambio, a enfrentar aquel temor que por días me privo de sentir, continuaba escribiendo y no quería detenerme.

Cuando finalmente la vocecilla cesó y yo me encontraba bajo la sombra.

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